¿REALMENTE HEMOS NACIDO PARA CORRER?

Hemos nacido para correr. Sí, me has oído bien, hemos nacido para correr.
No para caminar, sentarse o tumbarse. Nacimos para correr, y la ciencia ahora nos lo dice con certeza.

Algunos de nuestros rasgos fisiológicos han contribuido a convertirnos en un perfecto corredor de resistencia, permitiéndonos incluso en el pasado más remoto obtener alimento contra depredadores mucho más rápidos.

Desde la cabeza hasta los pies, podemos contar con numerosas características que demuestran nuestra naturaleza de corredores. 

Aquí van algunas pruebas:

DEDOS

Nuestros dedos son cortos comparados con el resto de nuestro cuerpo, si fueran largos no implicarían ningún efecto sobre la marcha, pero al correr estarían sujetos a una fuerza mayor debido al efecto de palanca que causarían, aumentando el riesgo de fractura.

EL ARCO DEL PIE

El arco del pie actúa como un muelle, pero sólo cuando corremos. Al caminar no necesitamos almacenar ni reutilizar la energía elástica. Sólo cuando corremos empezamos a utilizar la elasticidad de nuestro pie: el 17% de la energía cinética del cuerpo durante el impacto con el suelo se almacena y luego es liberada por nuestro pie, que actúa como un potente muelle.

EL TENDÓN DE AQUILES

Tengo aquí una de las pruebas más claras: el tendón de Aquiles, el muelle más grande de nuestro cuerpo.
Durante la carrera absorbe y libera hasta un 35% de la energía del cuerpo en el impacto en el suelo. Es importante tener el pie bien apoyado, la postura correcta y el ritmo correcto, pero si todas estas actividades se llevan a cabo correctamente, el tendón de Aquiles se estira durante la fase de aterrizaje y luego retrocede y restaura la energía almacenada, empujando el cuerpo hacia arriba.

En pocas palabras, si no estuviéramos corriendo, no tendríamos un tendón de Aquiles.

EL GLÚTEO MAYOR

¿Otra peculiaridad anatómica para probar que nacimos para correr? El glúteo mayor: el músculo más grande del cuerpo humano, que no se utiliza al caminar.

Trata de caminar y luego correr, aunque sólo sea por unos pocos pasos. Inmediatamente se dará cuenta de que este músculo no se utiliza mientras camina, sino que entrará en función sólo cuando empieces a correr.
«Una carrera es como una caída controlada, y los glúteos ayudan en este control». Conectar las piernas a las caderas y estabilizar el tronco para que no se desequilibre hacia delante.

LOS HOMBROS

El ser humano tiene los hombros bien separados de la cabeza, a diferencia de los de los chimpancés y los australopitecos, que están estrictamente unidos al cráneo, para trepar a los árboles y balancearse entre las ramas. Contrariamente, la forma particular de nuestros hombros está hecha para correr.
La cabeza tiende a proyectarse hacia adelante en el impacto con el suelo durante la carrera. Por eso, tenemos un ligamento especial, llamado «ligamento nucal», conectado a un músculo que a su vez está conectado al hombro. Tan pronto como la cabeza se mueve hacia adelante, el brazo baja y estabiliza la cabeza. Este es el movimiento natural de correr en el ser humano.

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Stefano Francescutti

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