Todo lo que piensas, lo que sientes antes, durante y después de tu actividad deportiva… determina tu rendimiento.

Detrás de cada deportista, tanto si es aficionado como si eres profesional, desde las grandes estrellas hasta el último de los deportistas a pié de calle, se esconden las dudas y los miedos.

Los pensamientos negativos existen y es lógico que lleguen, la cuestión es saber administrarlos.  Un ejemplo: ¿seré capaz de terminar el maratón? ¿habré entrenado lo suficiente?. Si los admites así formulados, es decir en negativo, «te van a dar el día». Es mejor cambiar la interrogación por la exclamación: ¡Claro que voy a terminar!, ¡he entrenado todo lo que podía!. Corta con los pensamientos negativos: da saltos, palmadas… ya habrá tiempo de analizar errores.

Si no es un pensamiento puede ser un temblor de piernas.  La noche antes de la competición hasta es difícil dormir y la adrenalina está bien pero no tanto. Tendrás que buscar como relajarte, túmbate, respira lentamente, céntrate en relajar todos tus músculos. Si esto te pasa a punto de empezar a competir… no es momento de tumbarse, pero puedes intentar relajar tu cuerpo saltando y haciendo movimientos como si fueses una marioneta.

Los días previos a partidos, carreras y cualquier competición o prueba no se pueden vivir con angustia. No pueden ser fuentes de problemas sino de oportunidades, incluso si suponen responsabilidad (patrocinios, clasificaciones, costes económicos personales). Siempre vas a ganar en vivencias, diversión, amistades, nuevos lugares.

Puede ser que incluso las preocupaciones venga de fuera, de tu entorno: trabajo, familia, amigos. Será cuestión de aprovechar esa subida de adrenalina y que tiemble el que recoja tu saque. No dejes de entrenar por ello, una de las mejores formas de soltar «vapores» es precisamente sudando.  Intenta siempre dejar los problemas de donde son y no llevártelos encima al rato de deporte. Intenta evadirte.

Si lo que te asalta es la sensación de miedo debes valorar si es una cuestión de falta de forma física o si se trata de un impedimento mental.  Acabas de salir de una lesión, el esfuerzo que te exige un deporte en particular pone tu cuerpo y mente en actitud de defensa, el material que estás utilizando te hace dudar. En este caso debes pararte y si no estás preparado físicamente aplaza el momento.  Si el problema es el miedo al fracaso debes entender que «el miedo» es un mecanismo de autocontrol de nuestro cuerpo, bueno siempre y cuando exista  una amenaza real. Y esto es lo que debes saber gestionar.  Si estás paralizado y no puedes hacer cosas que están a tu alcance tienes que luchar para vencerlo sin dejar que te domine el estrés.

No olvides estos consejos:

1- Disfruta de la competición, para eso has entrenado.

2- Ponte objetivos realistas, las metas difíciles pueden crear frustración y las asequibles pueden aburrir.

3- Si duermes mal no te obsesiones pues terminarás por desvelarte. Leer, técnicas de relajación, ver televisión, escuchar música pueden ayudarte a conciliar el sueño perdido.

4- Cambiar los pensamientos negativos por positivos se practica. Busca tu palabra clave para cortarlos de raíz.

5- Sin obsesión por los resultados, preocúpate por la actitud. Revisa esto lo primero y después podrás evaluar resultados, marcas, material y otras cuestiones de forma más analítica.

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